La primera
Junta de Gobierno surgida de la Revolución juliana no logró conseguir un rápido
reordenamiento monetario del país mediante la creación de un banco central y el
regreso al patrón oro, a pesar de la existencia de ocho proyectos de creación
de un banco nacional o de reserva.
Ante la
crisis del medio circulante, los billetes desprestigiados fueron acaparados por el público y los
bancos, con la esperanza de ser canjeados por oro en el futuro cercano. La
conformación de una segunda Junta de Gobierno, en enero de 1926, restableció el
dialogo con la banca nacional y se dio paso a la primera conferencia bancaria.
Sin embargo, sus resultados no fueron los esperados y no se dio paso a la
creación del banco central pero se acordó la creación de la Caja Central de
Emisión y Amortización Monetaria.
Por
toda esta crisis profunda de establecer una reforma económica, institucional y
financiera en el país, llegó Edwin Kemmerer, un abanderado del patrón oro a
nivel internacional y emprendió reformas de vasto alcance, de mayor amplitud en
comparación a la realizadas en otros países
en donde intervino. Esta misión trabajó cinco meses, y las reformas
incluyeron los siguientes temas:
1.
Reorganización fiscal.
2.
Restauración del crédito nacional.
3.
Obras públicas.
4.
Reorganización Bancaria.
El
apoyo brindado por la dictadura juliana de Isidro Ayora a Kemmerer fue
incondicional y los resultados fueron sumamente fecundos y trascendentales y se
hicieron leyes de mucha importancia como la del Banco Central, de presupuestos,
Contraloría General, impuesto a la renta, administración de aduanas, código
penal, de procedimiento civil.
La
creación del Banco Central de Ecuador fueron establecidas mediante leyes
expedidas por el poder Ejecutivo el 4 de marzo de 1927, cuando arreciaban los
rumores de revolución, la que se desarrolló esa misma noche, encabezada por el
general Francisco Gómez de la Torre y que fracasó por no obtener el apoyo de
todos los regimientos acantonados en la plaza de Quito. Los intereses ocultos
detrás de aquel golpe eran la banca, sobre todo la guayaquileña, que se había
opuesto de forma sistemática el establecimiento de un organismo de control. La
banca guayaquileña después de la Revolución Juliana solamente aceptó la
constitución de una caja de emisión y amortización monetaria pero se oponía a
la creación del banco central.
Todos
los proyectos de la misión fueron entregados en paquete y aprobados de manera
rápida, con mano fuerte y sin discusión pública y se encargó las direcciones a
personal extranjero ya que se consideró que en el país no existía recurso
profesional preparado para desempeñar esas funciones.
Un nuevo escenario.
Con la
transformación de julio de 1925 se inició una etapa de dos decenios, signada
por una crisis global. El descalabro de la producción y exportación cacaotera
fue el detonante de una prolongada depresión económica que, al iniciar la
década de los treinta, se agudizó por el impacto de la recesión del capitalismo
internacional. El modelo agroexportador no pudo ser superado y se mantuvo. Se
siguió exportando cacao pero se dio también una diversificación productiva, con
los cultivos de café, arroz y caña de azúcar. Surgió una incipiente
industrialización.
Los
lazos dependientes del Ecuador, cada vez más estrechos, ataban su suerte a la
de los centros monopólicos. En ese marco, el control del poder de la burguesía
comercial y bancaria se resquebrajó seriamente. El latifundismo serrano
robustecido se lanzó a la lucha por retomar posiciones perdidas años atrás.
Pero el resquebrajamiento del poder plutocrático se explica también por la
presión que, desde abajo, ejercían nuevos grupos que reclamaban espacio dentro
de la nueva escena social y política. Los sectores medios, robustecidos por la
implantación del Estado laico, luchaban contra la dominación oligárquica
prevaleciente, intentando ampliar su reducida cuota de poder político –
burocrático. La clase trabajadora, ya con la sangrienta experiencia del 15 de
noviembre, consolidaba sus iniciales organizaciones y apuntaba a la agitación a
nivel nacional, madurando al mismo tiempo una alternativa política
contestataria. Los grupos de pobladores,
que comenzaban a crecer en los suburbios de las ciudades más grandes,
buscaban mecanismos de expresión y lucha. Por su parte, grupos de mujeres que
denunciaban la explotación por partida doble, protestaron contra la
discriminación social y política.
Los
cambios sociales se proyectaron en la esfera política. Desde mediados de la
década de los veinte se produjo una reagrupación de las viejas fuerzas y la
gestación de otras nuevas. Ahí podemos ubicar con propiedad el surgimiento de
los modernos partidos políticos del Ecuador. La Asamblea reunida en 1923
estructuró a nivel nacional el Partido Liberal Radical. La convención convocada
en 1925 reconstituyó el Partido Conservador Ecuatoriano. En 1926 se fundó el
Partido Socialista[1] Ecuatoriano como
una heterogénea y pionera fuerza de izquierda. En 1931 sufrió una primera
división cuando el sector pro – estalinista se agrupó en el Partido Comunista[2].
El
socialismo se constituyó en el polo de influencia ideológica más dinámico del
Ecuador. En cierto sentido fue la continuidad del radicalismo liberal y la base
de la lucha por el laicismo, especialmente en la educación, donde la izquierda
socialista alcanzó enorme influencia. Un conjunto de escritores de esta
tendencia ideológica logró decisiva presencia en la cultura nacional. En el
campo de la organización popular, el socialismo fue un dinamizador. Desde los
años veinte en adelante, se reactivaron las antiguas organizaciones gremiales y
se constituyeron nuevas de tipo sindical que se movilizaron en reclamo de
garantías en el trabajo y buscaron niveles de organización regional y nacional.
Paralelamente, la Iglesia católica y el conservadurismo incrementaron su
influencia en organizaciones de artesanos de tipo confesional. En 1938 se
constituyó la Confederación Ecuatoriana de Obreros Católicos (CEDOC), primera
central nacional de trabajadores, posteriormente en 1944, se formó la
Confederación de Trabajadores del Ecuador (CTE), promovida por la izquierda.
Crisis e irrupción de las
masas.
Los
militares julianos invocaron en su programa político ciertas ideas socialistas
e inclinaciones hacia los trabajadores, pero su paso por el poder trajo en
realidad una serie de innovaciones que favorecieron a los sectores medios,
principalmente a la burocracia, e impulsaron la modernización estatal. Las
reformas fiscales limitaron el poder de la banca y centralizaron la dirección
de la economía. Isidro Ayora, que tomo el poder en 1926, luego de dos
gobiernos, fue el ejecutor de las principales reformas, entre ellas la creación
del Banco Central (1927). Luego de que fuera nombrado presidente constitucional
en 1928, gobernó por casi tres años, hasta que cayó en 1931, dejando al país
debatiéndose en una compleja situación de inestabilidad. La constituyente
reunida en 1928 realizó importantes reformas legales, entre las que se cuenta
haber establecido el voto de la mujer.
En un
momento de debilidad de la burguesía costeña, el latifundismo serrano se lanzó
a la conquista del poder y logró el triunfo presidencial con Neftalí Bonifaz.
Su descalificación por el Congreso provocó la llamada guerra de los cuatro días
en 1932, en la que desempeño un destacado papel la Compactación Obrera,
organización de artesanos controlada por la derecha. En una nueva elección, la
plutocracia guayaquileña reeditó sus viejos mecanismos de fraude electoral y
llevó al poder a Martínez Mera, derrocado por un golpe parlamentario, cuyo
protagonista principal fue José María Velasco Ibarra. Al cabo de pocos meses en
1933, Velasco era presidente y se iniciaba una etapa marcada por su presencia
caudillista en la escena nacional. El velasquismo fue una nueva fórmula de
alianza oligárquica que, intentando superar la disputa ideológica conservadora
liberal, movilizaba una clientela de grupos medios y populares firmemente
identificados con la electrizante figura del líder.
El
primer velasquismo, como casi todos los restantes, cayó estrepitosamente en su
primer intento dictatorial (1935), dejando una vez más al país en manos del
arbitraje militar. Federico Páez ejerció por dos años una dictadura civil (1935
– 1937) encomendada por los altos mandos castrenses, en la que luego de un
fugaz intento progresista, ejerció una dura represión. Fue derrocado por el
general Alberto Enríquez Gallo, que en el corto lapso que gobernó al país como
jefe supremo (1937 – 1938), llevó adelante políticas nacionalistas y expidió el
Código del Trabajo. Enríquez entregó el poder a una Asamblea Constituyente
(1938), disuelta por el presidente que ella mismo designó, Aurelio Mosquera
Narváez, quien en esa medida intentaba parar la amenaza izquierdista y
consolidar el poder en manos de la oligarquía liberal. A su muerte repentina le
sucedió Carlos Alberto Arroyo del Río, máxima figura del liberalismo y
representante de empresas capitalistas en el Ecuador, quien planificó desde el
poder su elección como presidente constitucional en 1940, bajo el interinazgo
de su coideario, Andrés Córdova.
Aunque
los conservadores denunciaron el fraude electoral, colaboraron en su gobierno
(1940 – 1944), que desde el principio fue represivo y de servicio a los
intereses extranjeros. En 1941 el Ecuador fue invadido por tropas peruanas,
pero el gobierno careció de liderazgo nacional y del respaldo para enfrentar la
emergencia. Luego de la derrota de nuestro pequeño y mal equipado ejército, el
ministro conservador de relaciones exteriores, Tobar Donoso, suscribió en Río
de Janeiro un Protocolo (enero 1942) en el que cedía al Perú extensos
territorios amazónicos que el Ecuador había reclamado históricamente.
Después
de la derrota, el gobierno de Arroyo acentuó su carácter represivo, tomándose
una estéril dictadura constitucional que no quiso ni supo aprovechar la
coyuntura de la Segunda Guerra Mundial para promover el desarrollo industrial y
el crecimiento económico mediante la demanda de productos agrícolas que
reflejaron precios altos y por lo tanto mayores ingresos al país. Otros
regímenes de América Latina aprovecharon aquella coyuntura. En 1944 Arroyo cayó
del poder ante una reacción popular masiva alentada por la Acción Democrática
Ecuatoriana (ADE), una heterogénea coalición de socialistas, comunistas y
conservadores que capitalizó el descontento popular. Llamado por el
pronunciamiento, Velasco Ibarra volvió por segunda vez al poder.
La
llamada Gloriosa del 28 de mayo de 1944 fue un movimiento protagonizado por las
masas populares que esperaban cambios radicales. Velasco manifestó al principio
ciertas inclinaciones a la izquierda, pero estas se desvanecieron cuando rompió
la Constitución de 1945, preparada por una Asamblea Constituyente predominantemente
progresista. Luego de esto, se consolidaron varias organizaciones populares
como la Confederación de Trabajadores del Ecuador y se creo la Casa de la
Cultura, volvió el caudillo a su natural alianza con la derecha, se proclamó
dictador y convocó a una nueva Asamblea Constituyente en 1946, que lo ratificó
en la presidencia. El coronel Carlos Mancheno lo derrocó en 1947, pero no pudo
ejercer el poder, que paso a manos de Mariano Suárez Veintimilla. En corto
tiempo fue sucedido por Carlos Julio Arosemena Tola.
Una etapa de estabilidad
(1948 – 1960)
La
producción y exportación de un nuevo producto tropical, el banano, dio a la
economía ecuatoriana una posibilidad de expansión que se reflejó no solo en la
dinámica del comercio internacional, sino también en la apertura de nuevas
fronteras agrícolas, el ascenso de grupos medios vinculados a la producción y
comercialización bananera, así como el servicio público y el comercio. El
crecimiento robusteció a los sectores vinculados al auge bananero y llegó también
a otros ámbitos, inclusive a sectores de trabajadores que vieron elevarse sus
ingresos. Para muchos, el país por fin había hallado la vía de desarrollo.
Superada
la recesión de las décadas anteriores, fue articulándose una nueva alianza
dominante, la burguesía era la clase dirigente, pero cedía al mismo tiempo una
importante cuota al latifundismo y a la pequeña burguesía urbana. En estas
circunstancias, la estabilidad constitucional se mantuvo; tanto más que el
crecimiento poblacional de la Costa y las otra ciudades, el control conservador
de la mayoría del electorado había desaparecido.
Los
partidos políticos tradicionales vivieron una época de regularidad en su
funcionamiento, pero al mismo tiempo tuvieron que habituarse a coexistir con
nuevas fuerzas emergentes. De las filas conservadoras se separaron varios
elementos aristocratizantes encabezados por Camilo Ponce, para formar el
Movimiento Socialcristiano. Jóvenes venidos de grupos medios integraban ARNE
(Acción Revolucionaria Nacionalista Ecuatoriana), un movimiento que jugó un
destacado papel en la lucha contra la izquierda y el movimiento obrero. El
liberalismo consolidó con el Partido Socialista la fórmula del Frente
democrático, lo que trajo, años después, la división de este último. En Guayaquil
y otros lugares de la Costa creció el CFP, partido populista muy agresivo,
integrado fundamentalmente por bases subproletarias.
El
gobierno de Galo Plaza (1948 – 1952) realizó un esfuerzo de modernización del
aparato del Estado y readecuación de la economía ecuatoriana a las condiciones
de predominio de Estados Unidos que se consolidaba en la posguerra. El tercer
velasquismo (1952 – 1956), que fue el único caudillo que concluyó regularmente,
desarrollo un plan de construcción vial y educativa, pero frustró una vez más a
sus electores porque no desarrollo reforma alguna. La administración de Camilo
Ponce (1956 – 1960), pese a que fue producto de un triunfo de la derecha
tradicional, no pudo ser la vuelta al siglo XIX, sino que constituyó más bien
un gobierno de tono liberal. Afrontó la agudización de los conflictos sociales
y ejerció dura represión, especialmente con los amotinados de Guayaquil en
junio de 1959.
[1] Socialismo: es la teoría,
doctrina o práctica social que promueve la posesión pública de los medios de
producción y un control colectivo y planificado de la economía en pro del
interés general de la sociedad.
[2] Comunismo: es una
asociación basada en la comunidad de los medios sociales de producción y los
bienes producidos mediante los mismos. A diferencia de lo que acontece en el
socialismo, el comunismo implica la abolición de la división del trabajo y por
ende del dinero.
No hay comentarios:
Publicar un comentario